Piezas en Diálogo, abril - mayo - junio de 2017
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Piezas en Diálogo, abril - mayo - junio de 2017

 
 


 



El programa de Piezas en diálogo busca establecer nuevas relaciones temáticas y de interpretación entre el conjunto patrimonial de piezas de historia, arte, etnografía y arqueología de las colecciones del Museo Nacional y del Icanh. Durante el 2017 las Piezas en diálogo se dedicarán a conmemorar acontecimientos de construcción de identidad política, cultural o artística, significativos para la nación colombiana


ABRIL - MAYO - JUNIO

Colección de Historia y de Arte

Sala Modernidades

Tercer piso




 Autor desconocido
Firma de la Declaración de Benidorm
24.7.1956
Copia en gelatina
6,2 x 8,8 cm
Museo Nacional de Colombia, reg. 3799


Copia de la Declaración de Benidorm, 24.7.1956. Reg. 2650
Copia del Pacto de Sitges, 20.6.1957. Reg. 2649
Firma de la Declaración de Benidorm, 24.7.1956. Reg. 3799
Firma del Pacto de Sitges, 20.6.1957. Reg. 3800
Martirio de Galán, 1957. Reg. 3114





Un pacto de élites: 60 años del origen del Frente Nacional



El 10 de mayo de 1957 el general Gustavo Rojas Pinilla (1900-1975) dimitió de la presidencia de la República, cediendo la magistratura a una Junta Militar. Cuatro años antes, cuando subió al poder el 13 de junio de 1953 mediante un golpe de Estado al Gobierno de Laureano Gómez (1889-1965), Rojas Pinilla era aplaudido por las élites políticas, económicas y la opinión pública en general. Su Gobierno impulsó una amnistía con los grupos guerrilleros, aprobó el voto femenino y trajo la televisión al país. Modernizó la infraestructura vial terrestre y aérea de Colombia. Sin embargo, censuró continuamente la prensa nacional, decretó medidas tributarias que afectaron a las élites económicas del país, implantó una política represiva tanto en los campos como en las ciudades que no logró la paz sino que, contrariamente, aumentó los actores armados al margen de la ley y, finalmente, intentó perpetuarse en el poder alertando a las tradicionales élites políticas del país y suscitando su acercamiento. En cuatro años de múltiples eventos, Rojas Pinilla dejó de ser considerado el “Libertador” de la nación y se convirtió en un dictador sin seguidores. 

El programa
Piezas en diálogo del Museo Nacional de Colombia rememora acontecimientos conducentes a la renuncia del general Rojas Pinilla y al origen del Frente Nacional, pacto bipartidista que determinó el destino del país durante el resto del siglo XX. Los documentos originales más relevantes de este periodo, la Declaración de Benidorm (reg. 2650) y el Pacto de Sitges (reg. 2649), piezas custodiadas y exhibidas por el Museo, propician la comprensión de la historia política nacional durante la segunda mitad del siglo XX.



Con el beneplácito de las élites: el ascenso de Rojas Pinilla


Gustavo Rojas Pinilla ascendió políticamente de manera vertiginosa; en tan solo cinco años pasó de desconocido comandante del ejército a obtener el título de General Jefe Supremo Presidente de la República y a ser comparado constantemente con la figura histórica de Simón Bolívar (1783-1830)1. En el año 1946, a la edad de 46 años, Rojas Pinilla fue nombrado comandante de la Primera Brigada en Tunja, su cargo de mayor jerarquía desempeñado hasta entonces. Por tradición, Boyacá había sido una región de mayoría conservadora. En 1946, cuando el Partido Conservador recuperó el poder con el Gobierno de Mariano Ospina Pérez (1891-1976), en la región de Boyacá se concentró un alto número de hechos de violencia partidista y denuncias de persecuciones a los liberales. Rojas Pinilla destacó ante sus superiores por su labor desempeñada durante las elecciones parlamentarias de 1947, en las cuales no se reportó ningún caso de violencia partidista en Boyacá (Galvis, 2002, p. 108).

En marzo de 1948, Rojas Pinilla fue nombrado comandante de la Tercera Brigada con destinación en Cali. Para controlar allí los hechos del 9 de abril de 1948, desencadenados por la muerte del líder liberal Jorge Eliecer Gaitán (1903-1948) en Bogotá, Rojas Pinilla permitió a los militares disparar contra los manifestantes, apresó a todos los líderes liberales, participasen o no en las protestas, y los envió con destino a Pasto, Nariño. Estas medidas intimidarían a los liberales e impedirían una escala de violencia similar a la ocurrida en las otras grandes capitales de Colombia. Frente a los 5.000 muertos en Bogotá, Rojas Pinilla se enorgullecía de reportar únicamente 40 muertos en los departamentos del Valle, Nariño y Cauca (Galvis, 2002, p. 115).

La actuación de Rojas Pinilla en Cali le granjeó reconocimiento a nivel nacional y el aprecio del presidente de la república Mariano Ospina, quien lo apadrinó al interpretar en su actuación una defensa de su régimen presidencial. A causa de la popularidad y lealtad al régimen, sin ser el militar con mayor antigüedad para obtener el nombramiento, el 11 de octubre de 1949 Rojas Pinilla recibió el cargo de director general del ejército, promoción firmada directamente por el presidente Ospina. Posteriormente, el 5 de diciembre de 1949 fue nombrado ministro de Correos y Telégrafos en el gabinete de Ospina.

Mientras Rojas Pinilla ascendía posiciones en el Ejército y en el Gobierno nacional, la situación social y política del país estaba en completa crisis. Desde 1949 y durante cerca de diez años, Colombia vivió en un permanente Estado de sitio. Tras los acontecimientos del 9 de abril de 1948, las élites gobernantes consideraron al pueblo como un elemento peligroso y decidieron legislar a puerta cerrada. La violencia bipartidista había perdido todo control, llegando incluso al Congreso de la República: el 9 de septiembre de 1949 se entabló un tiroteo en el Congreso entre representantes liberales y conservadores. El saldo fue de dos representantes liberales muertos. Este incidente sirvió al presidente Ospina para clausurar el Congreso, que era de mayoría liberal (Urán, 1983, p. 35). A partir de entonces, el Partido Liberal quedó excluido de ocupar cualquier instancia dentro del gabinete gubernamental. 

Laureano Gómez, presidente electo en 1950, amparándose en el Estado de sitio que perpetuó durante su gobierno, constituyó la Asamblea Nacional Constituyente (ANAC) para reformar la Constitución Política de Colombia y, según sus palabras,
darle una coherencia ideológica alrededor de la religión católica y proscribir todo tipo de ideas rousonianas y marxistas (Urán, 1983, p. 45). Paradójicamente, la ANAC, con la que Laureano Gómez buscaba atribuirse poderes políticos absolutos, terminó en su primera sesión legalizando su destitución ante el golpe de Estado de Rojas Pinilla. 




José Agneto Boscones

Laureano Gómez

1953

Óleo sobre tela

70 x 60 cm

Museo Nacional de Colombia, reg. 456


En el campo, los civiles conservadores armados, llamados pájaros o chulavitas, ejercían todo tipo de violencia contra los liberales. Simultáneamente, la policía que Ospina se había encargado de politizar a favor de los conservadores propiciaba o permitía estos  actos de violencia. Abandonados a su suerte por el Estado, los liberales se armaron y constituyeron guerrillas que luchaban abiertamente contra las fuerzas militares y paramilitares. El país se encontraba en un conflicto generalizado cuyo odio bipartidista parecía perpetuarlo a término indefinido.

En este contexto, Rojas Pinilla apareció ante las élites y la opinión pública como un actor imparcial con capacidad para dirimir la disputa bipartidista. Para el presidente Laureano Gómez, el general se constituía en una amenaza a sus ambiciones de controlar el poder ejecutivo sin intervenciones. La figura carismática y reconocida de Rojas Pinilla, además de su alianza con la oposición en el conservatismo, llevó al presidente L. Gómez a buscar su destitución. La ocasión se presentó cuando Felipe Echavarría, miembro de una familia prestante bogotana, fue acusado de comandar un complot que buscaba asesinar a varias personalidades políticas incluido Rojas Pinilla. En su detención e interrogatorio hubo acusaciones de tortura que el presidente utilizó para pedir la destitución de Rojas (Urán, 1983, p. 53). Esta decisión, que ninguno de los integrantes de su gabinete se atrevió a ejecutar, fue tomada por sus opositores como punto de quiebre para apartarlo de la presidencia y sustituirlo por el mismo Rojas Pinilla. 

El 13 de junio de 1953, Gustavo Rojas Pinilla asumió la presidencia de la República ante la insistencia tanto de los conservadores, en cabeza de su antiguo protector el expresidente Ospina, como de los liberales. Este golpe de opinión, más que golpe de Estado, en palabras del expresidente liberal Darío Echandía (1897-1989) (Dávila, 2002, p. 54), fue recibido con júbilo por el pueblo colombiano y legalizado posteriormente por la ANAC, que le dio el título de presidente hasta el 7 de agosto de 1954.




Saúl Orduz (1922-2010)

Gustavo Rojas Pinilla [en el momento de su posesión como presidente]

1953

Copia en gelatina

60 x 39 cm

Museo Nacional de Colombia, reg. 6049



La Asamblea Nacional Constituyente (ANAC) se convirtió en una herramienta de gobierno para Rojas Pinilla. En la sesión de la ANAC del 27 de abril de 1954, se afirmó la imposibilidad de llamar a elecciones democráticas por la situación de violencia en el país. El 3 de agosto de mismo año, la ANAC aprobó la reelección de Gustavo Rojas Pinilla como presidente de Colombia para el periodo de 1954-1958. El alborozo entre los liberales y conservadores frente a la presidencia de Rojas Pinilla menguó ante la certidumbre de que su periodo en el poder no sería tan breve como esperaban (Urán, 1983, p. 76 y ss.).



Newspaper Enterprise Association

Multitud que escucha un discurso de Rojas Pinilla. Plaza de Bolívar en Santa Marta

1956

Copia en gelatina

20,5 x 25,3 cm

Museo Nacional de Colombia, Ing. 9375


Rojas Pinilla enfocó su política de gobierno en modernizar la infraestructura del país y desarrollar la economía en el campo. El gasto público y militar se incrementó a niveles insostenibles. Realizó una reforma tributaria que grababa con impuestos a los grandes capitales e ingresos por dividendos y bonos, que hasta entonces no estaban gravados. Con respecto a los bancos y las aseguradoras, hizo que pagaran impuestos locales por sus sucursales, tal y como lo hacían los industriales. La Asociación de Industriales de Colombia (ANDI), la Federación Nacional de Comerciantes (FENALCO), Asobancaria y otras agremiaciones económicas, con gran injerencia en asuntos de Estado, retiraron su apoyo al Gobierno de Rojas Pinilla, y fueron desde entonces sus más duros opositores (Tirado, 1989, p. 122).



En el final del régimen: la unión bipartidista


Gustavo Rojas Pinilla fue perdiendo poco a poco el apoyo de la opinión pública y, más importante, de los industriales, banqueros y élites políticas del país. Ante la protesta de los medios de comunicación por el contexto de represión política que impuso, Rojas Pinilla promulgó el 24 de septiembre de 1954 el decreto sobre “la injuria y la calumnia”, que supuso una severa censura a la libre información (Urán, 1983, p. 80). El Diario Gráfico, periódico laureanista, y los periódicos liberales de El Tiempo y El Espectador fueron perseguidos y multados hasta ser llevados al cierre, en el caso del primero, y al cambio de nombre en el caso de El Tiempo, que se convirtió en El Intermedio, y El Espectador que devino a El Independiente.



Autor desconocido

[General Alfredo Duarte Blum, Guadalupe Salcedo y los reporteros Guillermo Sánchez, Guillermo Karty y Carlos Caicedo durante la amnistía]

1953

Copia en gelatina

20,4 x 25,6 cm

Museo Nacional de Colombia, reg. 5509


En el plano social, Rojas Pinilla subió a la presidencia con la promesa de poner fin al conflicto, lo cual estuvo lejos de conseguirse. La amnistía que ofreció a guerrilleros y grupos alzados en armas en 1953 suscitó gran entusiasmo y logró el desarme de numerosos grupos al margen de la ley. Sin embargo, en los campos no llegó la anhelada paz. Los grupos de pájaros continuaron sembrando el terror y muchos de los comandantes guerrilleros desmovilizados fueron asesinados tras la amnistía. La ausencia de garantías de seguridad por parte del Estado propició el rearme de antiguos grupos guerrilleros liberales y otros nuevos grupos comunistas. A todo ello se sumó el hecho de que el problema de la propiedad agrícola no obtuvo solución. En algunos casos, las intimidaciones de la policía y los pájaros a los liberales permitieron el abuso de los terratenientes, quienes despojaron de sus tierras a los campesinos colonos. Las luchas campesinas por la tierra continuaron durante el régimen de Rojas Pinilla, y en algunas zonas como el Sumapaz, en los departamentos de Cundinamarca y Tolima, la situación se agravó (Urán, 1983, p. 72 y ss.).

El hecho que suscitó la unión de los dos partidos hegemónicos fue el intento infructuoso de Rojas Pinilla de crear un tercer partido político que le permitiese captar electorado para una eventual reelección presidencial. A principios de enero de 1955, el ministro del Gobierno Lucio Pabón Núñez (1914-1988) anunció la creación del Movimiento de Acción Nacional (MAN), que promulgaba la unión del binomio pueblo-ejército en contra de las oligarquías del país. La idea suscitó inmediatamente un rechazo generalizado que llevó a desaparecer el MAN al mes siguiente (Ayala, 1993, p. 46). El surgimiento y desaparición del MAN indicó el fuerte arraigo del bipartidismo en la conciencia del pueblo colombiano,  y reveló, además, las intenciones reeleccionistas de Gustavo Rojas Pinilla. El 13 de junio de 1956, el régimen de Rojas Pinilla intentó nuevamente organizar otra
agrupación política. Durante la conmemoración del tercer año del golpe de Estado, promulgó la creación de una Tercera Fuerza. En una convención multitudinaria en el estadio El Campín de Bogotá, se realizó el siguiente juramento:


“Juráis a Dios y prometéis a la patria, defender la libertad y soberanía de Colombia hasta perder la vida si fuere necesario y luchar por la supremacía de la Tercera Fuerza hasta que los colombianos depongan los odios políticos al pie de la bandera nacional” “SI, JURO”. (Citado por Ayala, 1993, p. 55)


El día anterior, en la población de Chiquinquirá, Boyacá, con la presencia de Gustavo Rojas Pinilla, se realizó el juramento con una ligera variación que señalaba “luchar hasta la muerte para cumplir y hacer cumplir las órdenes del General Jefe Supremo Presidente de la República” (Urán, 1983, p. 99). Este juramento fue el punto de quiebre de la relación de la Iglesia con el régimen de Rojas Pinilla. De la misma forma, incidió en que Alberto Lleras Camargo (1906-1990), elegido director del Partido Liberal en marzo de 1956, buscara un acercamiento con Laureano Gómez, jefe de la oposición conservadora al régimen. El 14 de julio del mismo año, Lleras Camargo viajó a Benidorm, España, lugar de exilio de Laureano Gómez después del golpe de Estado, y el 24 de julio ambos líderes políticos firmaron un acuerdo de trabajo conjunto entre liberales y conservadores para derrocar el régimen de Rojas Pinilla y conseguir el retorno de la democracia, acuerdo conocido como el Declaración de Benidorm (Cobo, 1961, p. 146 y ss.). El 9 de noviembre de 1956, Lleras Camargo promulgó la formación de un Frente Civil que convocara a un candidato presidencial para los dos partidos políticos e hiciera frente a una eventual candidatura de Rojas Pinilla. 



Autor desconocido

Firma de la Declaración de Benidorm

24.7.1956

Copia en gelatina

6,2 x 8,8 cm

Museo Nacional de Colombia, reg. 3799



En efecto, desde el 3 de marzo de 1956 había sesionado la Convención Nacional del Conservatismo, que agrupaba a los miembros del partido fieles al régimen de Gustavo Rojas Pinilla. Durante la reunión, Rojas Pinilla había sido postulado como candidato presidencial del partido para el periodo de 1958-1962 (Ayala, 1993, p. 68). La oposición bipartidista respondería el 20 de marzo cuando el Frente Civil publicó en la prensa el “Manifiesto conjunto de los partidos liberal y conservador”, conocido como el Pacto de Marzo (Silva, 1989, p. 195). El pacto expresaba la unión de los principales líderes políticos colombianos, afirmando causa común centrada en la elección de un candidato único para hacer frente a Rojas Pinilla. Fue firmado por los expresidentes Alfonso López Pumarejo (1886-1959), Eduardo Santos (1888-1974), Darío Echandía, Roberto Urdaneta (1890-1972), Mariano Ospina, Alberto Lleras Camargo y otras personalidades de ambos partidos políticos (Ayala, 1993, p. 72). Así, el 8 de abril de 1957, el Frente Cívico postulaba al conservador Guillermo León Valencia (1909-1971) como candidato a la presidencia por ambas colectividades políticas. Su campaña presidencial fue financiada por los poderosos grupos económicos que componían la ANDI y FENALCO (Ayala, 1993, p. 70).

Durante una manifestación de adhesión a la campaña de León Valencia en la ciudad de Cali el 28 de abril de 1956, las fuerzas militares lo detuvieron, a pesar de que el candidato buscara refugio en el palacio del obispo de la ciudad. El entonces cardenal Crisanto Luque Sánchez (1889-1959), la figura más importante del catolicismo nacional, publicó el 30 de abril una carta pastoral dirigida a Rojas Pinilla, en la que opuso la Iglesia al régimen. En la pastoral, Luque cuestionaba la legitimidad democrática de la ANAC para la elección del presidente. Además, consideraba que tras el pacto de las dos colectividades no había razón para no llamar a elecciones (Urán, 1983, p. 106).

Con la Iglesia, las élites políticas, las agremiaciones económicas y los medios de comunicación en su contra, el golpe final al régimen de Rojas Pinilla lo darían los estudiantes. El 2 de mayo de 1957 inició una huelga de estudiantes en Cali y Bogotá. El 5 de mayo, “a la salida de una misa solicitada por los estudiantes” en una iglesia del barrio Chapinero en la capital, la policía atacó a los estudiantes causando algunas muertes. El 6 de mayo, el ministro de Educación Nacional suspendió las actividades en los centros docentes por problemas de orden público y la capital se militarizó con carros blindados (Urán, 1983, p. 110).

El Frente Cívico, apoyado por los grupos económicos, industriales y bancarios, convocó a una huelga general el día 7 de mayo (Tirado, 1989, p. 125). Algunas industrias pagaron por anticipado 15 días de sueldo para que los trabajadores asistieran a la huelga (Urán, 1983, p. 111). El Gobierno adoptó medidas represivas para obligar a la terminación del paro. Amenazó a los bancos y se habló de expropiaciones y militarización de gasolineras y hospitales. Incluso se decretó el servicio militar obligatorio para trabajadores de bancos que asistieran a la huelga. Ante la inminencia de un golpe de Estado que lo dejase sin posibilidades de candidatizarse a la presidencia, Rojas Pinilla se reunió en el palacio de gobierno el 9 de mayo con los presidentes de Avianca y del Banco de la República, con el gerente de acerías
Paz del Río y otros representantes de las agremiaciones económicas. Allí propuso, por intermedio de Rafael Navas Pardo (1908-1990), dos alternativas para superar la crisis: primero, reformar el gabinete ministerial para dar cabida al Frente Civil y llamar a elecciones en 1958. Segundo, renunciar y nombrar una Junta Militar que gobernara el país en su reemplazo, hasta que se eligiese un presidente en las elecciones de 1958 (Urán, 1983, p. 112 y ss.).

E
n respuesta, los líderes del Frente Nacional pidieron la salida de Rojas Pinilla. Así, el 10 de mayo de 1957 el general dimitió de la presidencia en favor de una Junta Militar nombrada por él mismo. En su alocución final en la televisión nacional, Gustavo Rojas Pinilla señaló: “El binomio pueblo-fuerzas armadas, que no autoriza depredaciones ni violencias en nombre de ningún partido político, se hubiera visto obligado a defender el orden y la legalidad haciendo uso de las armas con inútil derramamiento de sangre, contrariando los postulados de paz, justicia y libertad que ha defendido sin vacilación desde el 13 de junio. […] He resuelto que las fuerzas armadas continúen en el poder con la siguiente Junta Militar: mayor general Gabriel París [1910-2008], mayor general Deogracias Fonseca [1908-2006], contraalmirante Rubén Piedrahita Arango [1911-1979]; brigadier general Rafael Navas Pardo [1908-1990] y Brigadier general Luis E. Ordóñez [1914-1990]. Esta Junta Militar deberá presidir las elecciones en las cuales el pueblo colombiano elija el mandatario que ha de regir los destinos de Colombia en el periodo constitucional de 1958 a 1962”. Tras la alocución, Rojas Pinilla partió para España (Urán, 1983, p. 116).




Portada del diario El Intermedio 

10 de mayo de 1957




El Frente Nacional y la recuperación del poder por parte de las élites políticas


Tras el júbilo nacional por la renuncia de Rojas Pinilla, la Junta Militar inició el desmonte de los instrumentos de gobierno del régimen: se clausuró la ANAC, que luego fue declarada inconstitucional y todas sus medidas sujetas a revisión, y se nombró la Comisión Paritaria de Reforma Constitucional, compuesta de expresidentes de la república y dirigentes del Frente Civil (Urán, 1983, p. 116).



Laureano Gómez Castro y Alberto Lleras Camargo
Copia del Pacto de Sitges
20.7.1957
Tinta mecanografiada sobre papel
28,1 x 21,2 cm
Museo Nacional de Colombia, reg. 2649



Las divisiones internas en el Partido Conservador entre ospinistas y laureanistas impedían la concreción de lo pactado entre ambos partidos. Lleras Camargo viajó nuevamente a España y se reunió con Laureano Gómez en la ciudad de Sitges, donde firmaron el 20 de julio de 1957 el denominado Pacto de Sitges. Este organizaría una agenda para dar legalidad constitucional a lo acordado entre los dos partidos políticos. Posteriormente, se convocó a un plebiscito el 1° de diciembre de 1957, en el que el pueblo colombiano decidiría si avalaba lo que desde entonces comenzó a denominarse el Frente Nacional (Dávila, 2002, p. 65). 

El 5 de octubre de 1957, Laureano Gómez regresó al país exigiendo que en el plebiscito se modificara el punto concerniente a elección de presidente y de cuerpos legislativos, o él y su colectividad se retirarían de los acuerdos. Al hacer esto, Laureano Gómez pretendía anular la candidatura del ospinista León Valencia y lograr la definición del candidato presidencial tras las votaciones a cuerpos legislativos. La facción en el conservatismo que obtuviese mayoría de votos propondría el candidato. Tras un acuerdo con Guillermo León Valencia y la firma del
Pacto de San Carlos el 22 de noviembre, se logró incorporar tal modificación (Dávila, 1989, p. 67).




Manuel H. Rodríguez C. (1920-2009)

Primera votación femenina en Colombia

1957

Copia en gelatina

20 x 25,5 cm

Museo Nacional de Colombia, reg. 5663



El 1° de diciembre de 1957 se realizó el plebiscito. Fue el proceso electoral con mayor votación en la historia de Colombia, con un 72% de votantes. Fue, asimismo, el primer sufragio en Colombia que eliminó las restricciones de voto para la mujer. Un 94% de los votantes lo hizo a favor. Entre los factores que contribuyeron a este éxito se cuenta la primera votación femenina, el rechazo al régimen militar, la publicidad del pacto y el hecho de no haberse llamado a elecciones desde hacía casi una década. Solo hubo dos líderes conservadores opuestos, Jorge Leyva (1912-1968) y Gilberto Alzate Avendaño (1910-1960). Las demás organizaciones empresariales y sociales, incluyendo la Iglesia, avalaron el plebiscito (Dávila, 2002, p. 68).

El 16 de marzo de 1958 se realizaron las elecciones para corporaciones públicas. El liberalismo fue ganador, seguido por el laureanismo. Se hizo pública la oposición de Laureano Gómez a León Valencia y se llamó a consulta entre los parlamentarios conservadores para elegir al candidato presidencial, pero no hubo consenso. La decisión quedó en manos de Laureano Gómez y Alberto Lleras Camargo. Laureano Gómez postuló a Lleras Camargo como candidato ante el rechazo de los parlamentarios conservadores. El 14 de abril se hizo pública la candidatura y Lleras Camargo no la aceptó sino hasta diez días después, cuando los conservadores no tuvieron inconveniente, siempre y cuando Lleras Camargo se comprometiera a que se instituyera una alternancia del candidato presidencial entre los dos partidos a término de 16 años, con un periodo de cuatro años cada uno. Ospina y Valencia, si bien no estuvieron de acuerdo, no expresarían oposición alguna por no quedar relegados al margen, lo cual les dio posteriormente la razón (Dávila, 2002, p. 70). 

Los presidentes del Frente Nacional fueron: Alberto Lleras Camargo, quien recibió la designación el 7 de agosto de 1958 de manos de Laureano Gómez, entonces presidente del Congreso de la República; le siguió el turno el conservador Guillermo León Valencia; posteriormente, el liberal Carlos Lleras Restrepo (1908-1994); y, por último, el conservador Misael Pastrana Borrero (1923-1997), quien venció en unas reñidas elecciones a Gustavo Rojas Pinilla.



Autor desconocido

Posesión de Alberto Lleras Camargo como primer presidente del Frente Nacional

7.8.1958

Copia en gelatina

16,3 x 14,8 cm

Museo Nacional de Colombia, reg. 2969



Algunos autores señalan que el Frente Nacional permite dos interpretaciones. La primera es considerar que en su momento fue un pacto conveniente, pues logró acercar a los líderes de ambas facciones y reducir con ello la violencia partidista. Sin embargo, no se puede ignorar el hecho de que el Frente Nacional supuso una exclusión de los intereses de la población colombiana y terminó generando una división profunda en la sociedad: impidió la formación de una cultura política, no ofreció medidas contundentes para lograr una sociedad más justa, no solucionó el problema de la propiedad y el subdesarrollo del campo, y la violencia se acrecentó en algunas regiones del país con el atenuante del surgimiento de las guerrillas comunistas (Arias, 2010, p. 120). El Frente Nacional constituyó un pacto cuyos principios no resolvían de manera integral los problemas sociales y económicos del pueblo colombiano, sino que procuraban la recuperación del poder por parte de las élites políticas. Tras la consolidación del Frente Nacional, la violencia, la exclusión del pueblo en la participación del poder político y la distribución injusta de las riquezas continuarían siendo los problemas cotidianos del país durante la segunda mitad del siglo XX.


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[1] Ver por ejemplo la biografía de Rojas Pinilla realizada por Carlos J. Villas Borda, Rojas Pinilla, cuyo subtítulo es El Presidente Libertador (Bogotá: Editorial Iqueima, 1953).



BIBLIOGRAFÍA


Arias Trujillo, J.R. (2010). Historia contemporánea de Colombia (1920-2010). Bogotá: Universidad de los Andes.

Ayala Diago, C.A. (1993). Resistencia y oposición al establecimiento del Frente Nacional. Los orígenes de la Alianza Nacional Popular, ANAPO. Colombia 1953-1964. Colombia: Universidad Nacional de Colombia.

Cobo Carrizosa, C.V. (1961). El frente Nacional: su origen y desarrollo; memorias. Cali: Carvajal.

Dávila Ladrón de Guevara, A. (2002). Democracia pactada: El Frente Nacional y el proceso constituyente de 1991 en Colombia. Bogotá: Universidad de los Andes.

Galvis, S. y Donadio, A. (2002). El Jefe Supremo. Rojas Pinilla en La Violencia y en el poder. Medellín: Hombre Nuevo Editores.

Silva Luján, G. (1989). El origen del Frente Nacional y el gobierno de la Junta Militar. En A. Tirado Mejía (dir.). Nueva Historia de Colombia Tomo II Historia Política, 1946-1986.  Bogotá: Planeta.

Tirado Mejía, A. (1989). Rojas Pinilla: del golpe de opinión al exilio. En A. Tirado Mejía (dir.). Nueva Historia de Colombia Tomo II Historia Política, 1946-1986. Bogotá: Planeta.

Urán, C.H. (1983). Rojas y la manipulación del poder. Bogotá: Carlos Valencia Editores. 




Curador(es): Libardo Sánchez Paredes, María Paola Rodríguez Prada, Departamento de Historia; Paloma Nícolas, Departamento de Arte

Fecha: Abril a junio de 2017

Lugar: Sala Modernidades [1948-1965]

CostoAdultos: $4.000 | Estudiantes: $3.000 | Niños (de 5 a 12 años): $2.000




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