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“El patrimonio nos cuenta cosas que no necesariamente están en los libros o los textos”

 

Foto: Mauricio Idárraga / Museo Nacional de Colombia 
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  • ¿Cómo se conservan las obras del Museo Nacional de Colombia? ¿Cómo se garantiza que estén en un ambiente óptimo? ¿Por qué no se pueden tomar fotos con flash? Para celebrar septiembre, mes del Patrimonio, le hicimos esas y otras preguntas a Vanessa Garnica, líder del Área de Conservación.

Las conservadoras del Museo Nacional de Colombia siempre están ahí, tras bambalinas, garantizando que las más de 19.000 piezas y objetos, que hacen parte de nuestras colecciones, estén en condiciones óptimas.

Los lunes, cuando el Museo está cerrado al público, andan por las salas, con sus batas blancas y sus herramientas, moviendo algunas piezas, haciéndoles mantenimiento a otras y revisando que las salas estén bien: con la iluminación correcta, la temperatura adecuada y la humedad controlada.

El resto de los días, cuando no están trabajando con las piezas que están en las reservas, están analizando datos, revisando los objetos que entran o salen del museo y preparando los que harán parte de las próximas exhibiciones.

Para entender un poco más acerca de esa labor y de la importancia de conservar el patrimonio del país, hablamos con Vanessa Garnica, quien lidera el Área de Conservación del Museo Nacional de Colombia, conformada por cuatro personas: tres conservadoras restauradoras y un apoyo administrativo.


MNC: ¿A qué se dedican y cómo garantizan que las piezas y objetos que hacen parte de las colecciones del museo se mantengan en buen estado?

Vanessa Garnica: La tarea empieza con cosas que no afectan directamente a la pieza: el control de las condiciones ambientales, la humedad, la temperatura, la manera como se exhiben, los tipos de mobiliario. Eso requiere registro y observación permanente.

También tenemos que hacer el estado de conservación de las piezas para ir detectando pequeñas cosas que, si bien no las afectan hoy, pueden estar afectándolas a lo largo del tiempo. Eso incluye tareas de mantenimiento y algunas intervenciones menores.


MNC: ¿Cómo es un día para ustedes en el Museo? Empecemos por los lunes, que es cuando está cerrado al público...

Vanessa Garnica: Es el día que aprovechamos para hacer intervenciones en las salas, que es lo que no podríamos hacer los días en los que el Museo está abierto al público. Le hacemos mantenimiento a las salas, a las piezas que están exhibidas, a las que están en los jardines o en exteriores.

Aprovechamos, también, para hacer montajes, desmontajes y movimientos de obras. A veces, apoyamos al Grupo de Museografía cuando hay que hacer algún ajuste a las vitrinas que tienen piezas. Y también hacemos las tareas de rotación, que son muy importantes, porque es cambiar las piezas que son muy sensibles a la luz, algo que toca hacer cada cuatro meses. 

 








Foto: Mauricio Idárraga / Museo Nacional de Colombia


MNC: ¿Y cuáles son sus tareas el resto de la semana, cuando el Museo está abierto al público?

Vanessa Garnica: Por más de que las personas no nos vean por ahí, siempre estamos activas y en comunicación con los compañeros de vigilancia y de mediación, que son nuestros ojos en las salas. Ellos nos están reportando siempre las cosas que van pasando y las novedades. En algunos casos, nosotros vamos a las salas y revisamos.

Pero durante esos días, la mayor parte del trabajo está en las reservas. Allí estamos revisando piezas o haciendo el alistamiento de las que van a estar en exhibición.


MNC: ¿Cuál es ese trabajo de conservación que hacen todos los días y que la gente nunca se imagina?

Vanessa Garnica: Una de las cosas que la gente no se imagina que hacemos es el análisis de datos. Nosotros medimos la humedad, la temperatura y recogemos un montón de información. Pero la clave es saber qué hacer con ella, así que analizamos esos datos para tomar decisiones 


MNC: ¿Y cómo trabajan esos datos?

Vanessa Garnica: Ese es un trabajo más de nuestra conservadora preventiva, que tiene una matriz donde los parametriza y los analiza para ver, por ejemplo, si tuvimos muchos picos de humedad relativa alta en algunas salas y si eso está afectando las piezas. Y a partir de esos análisis, ella puede recomendar tener un deshumidificador o un ventilador en determinada sala.


MNC: Ustedes también se encargan de las restauraciones, pero ¿cuál es la diferencia entre conservar y restaurar?

Vanessa Garnica: Conservar se puede dividir en dos tareas:  conservación preventiva, que es todo lo que hacemos para no tener que llegar a una restauración y que tiene que ver con el entorno de la pieza, como la manipulación, la temperatura, la humedad, el manejo del polvo. Y la conservación, que implica un trabajo sobre la materialidad, pero más en el sentido de estabilizar o de hacer intervenciones de primeros auxilios, por ejemplo.

La restauración es otro proceso, que ya implica darle una lectura estética a la obra. Pero ¿cuál es nuestra idea? Poder hacer todo lo de conservación preventiva a tiempo, para no tener que llegar a una restauración, que vendría a ser el caso extremo.


MNC: Muchas personas se preguntan por qué no pueden tomar fotos de las obras con flash...

Vanessa Garnica: Porque la luz es uno de los agentes que más deterioran una pieza, y es un deterioro acumulativo. Puede que en un primer momento no se vea, pero con el tiempo va resecando la tela o va decolorando la pintura y las fotografías.

Puede que un único flash no haga nada, pero 1.000 o 10.000 flashes todos los días sí van a acelerar mucho más el deterioro de las piezas y pueden hacer que a lo largo del tiempo podamos llegar a perder una pieza solo por el daño acumulativo que causa la luz.


MNC: ¿Por qué algunas piezas y objetos del museo se pueden tocar y otros no?

Vanessa Garnica: El criterio en ese caso depende del tipo de materialidad que tenga la pieza. Nuestras manos sudan, tienen sales, grasa y todo esto termina siendo un agente contaminante para las piezas. Al igual que con la luz, puede que si una persona la toca no pase nada, pero si son 1.000 pueden empezar a deteriorar algunas piezas. 


MNC: ¿Qué le pasa a una pieza si nadie la revisa en 20 años, por ejemplo?

Vanessa Garnica: Puede que, a partir de la acumulación de polvo o de la presencia de insectos, el material se vaya deteriorando hasta que llegue a desaparecer. Un papel, por ejemplo, puede desaparecer si en 20 años nadie lo revisa y está en condiciones de humedad altas.


MNC: En ese sentido, ¿cuál es el mayor riesgo para una pieza dentro del museo?

Vanessa Garnica: Contrario a lo que la gente piensa, no son las caídas, los robos ni los grandes accidentes, sino esos deterioros muy silenciosos que van afectando las piezas a lo largo del tiempo, como los hongos.


MNC: ¿Y cuál es la herramienta que más usas en tu trabajo?

Vanessa Garnica: Suena cliché, pero son los ojos. Nuestro trabajo parte de la observación.


MNC: Para terminar, y ya que estamos en pleno mes del patrimonio, ¿por qué es importante conservarlo?

Vanessa Garnica: El patrimonio es un testigo que a partir de la materialidad nos cuenta cosas que no necesariamente nos cuentan los libros o nos cuenta un texto. Conservarlo es una manera de que la gente hoy pueda hacer una interpretación de esa historia y de que, en 100 años, otros hagan su interpretación de lo que estamos viviendo ahora. Es permitir ese diálogo permanente entre las piezas y las personas

Y en el Museo Nacional estamos hablando de un patrimonio que es de todos los colombianos. Así que, de alguna manera, estamos garantizando el derecho de los colombianos a conocer e interpretar su propia historia.



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