Sipán, el último tesoro de América

En mayo de 1987, un grupo de arqueólogos peruanos dirigidos por Walter Alva, descubrió el gran centro ceremonial de los Mochica, compuesto por dos pirámides truncas y una plataforma funeraria, en el que se halló intacta la cámara funeraria del jefe máximo de los Mochica. 

Este hallazgo se constituyó en un hecho sin precedentes en el continente americano por el alto grado de conservación de las piezas, las características del entierro y el rango del personaje. Asimismo, porque nunca antes se había podido estudiar una cámara funeraria en su estado original, debido al saqueo generalizado y continuo de las construcciones funerarias en el continente.



La cámara funeraria del Señor, una tarde de febrero de 1988, después de registrar el contenido del sarcófago central.

 Fig. 66, pág. 38. Sipán Descubrimiento e Investigación. Walter Alva. Lima – Perú. 2004








Gracias a una excavación sistemática se reconstruyó el centro ceremonial, se estudió la compleja organización social de esta cultura y se confirmó, a través de los ornamentos y los artefactos encontrados, la existencia de personajes que hasta ese momento eran considerados seres mitológicos representados en la pintura y la cerámica Mochica.

¿Quién es El  Señor de Sipán?
Cuando los arqueólogos revisaron el ajuar funerario y constataron la riqueza de los bienes de mando, rango y poder, consideraron que se trataba del personaje de mayor nivel jerárquico en la sociedad Mochica. 

En la pintura y la cerámica los Mochica lo representaron como un ser con poderes semidivinos que ejerció autoridad real, militar y religiosa, desde la más alta investidura de la estructura social.
Una morada eterna para El Señor de Sipán: el Museo de las Tumbas Reales de Sipán
El proyecto de recuperación científica del hallazgo implicó el desarrollo de técnicas de registro y la recuperación de las piezas en campo, además de un complejo trabajo de restauración con el apoyo y la asesoría de instituciones y expertos internacionales (las primeras piezas fueron restauradas en 1988 en Alemania y en 1990 se creó en Perú un laboratorio para su conservación).

Posteriormente, requirió del diseño de un espacio para conservar y exhibir de manera adecuada este descubrimiento. El Museo de las Tumbas Reales de Sipán, cuya realización duró diez años, cuenta con las técnicas más avanzadas de museografía y con una arquitectura que evoca los grandes monumentos funerarios Mochica. Desde el año 2002 el museo alberga y exhibe este tesoro cultural.    
De América para el mundo

Después de su restauración, los restos óseos, los ornamentos y los emblemas de Sipán fueron exhibidos por primera vez, el 9 de marzo de 1993 en el Palacio de Gobierno en Lima, Perú. Entre abril y agosto del mismo año, se presentaron en el Museo de la Nación de ese país. Para entonces, se adelantó un programa de itinerancia por cinco museos norteamericanos (el Museo Fowler de la Universidad de California en los Ángeles, el Museo de Bellas Artes de Houston, el Museo de Historia Natural de Nueva York,  el Instituto de Arte de Detroit y el Instituto Smithsonian de Washington), con una selección de los materiales más representativos.

Después de dos años de itinerancia, se exhibieron de nuevo en Lima en el Museo Bruning y en el Museo de la Nación. Entre 1999 y el 2000, viajaron por diversas ciudades de Japón y luego, entre el 2000 y el 2001, se presentaron en Alemania. La exposición internacional más reciente se llevó a cabo en la Pinacoteca del Estado de Sao Paulo, Brasil, que culminó el pasado 7 de enero del 2007.





¿Quiénes son los Mochica?

Los Mochica fueron considerados como la primera sociedad de los Andes que alcanzó a conformar un Estado. Su presencia se remonta al siglo I d.C. hasta el siglo VI d.C. Se ubicaron en la zona norte del Perú, entre la cordillera de los Andes y el océano Pacífico, en un desértico callejón con lluvias escasas durante el año.

Pese a estas condiciones, desarrollaron una gran civilización. Gracias a enormes y complejos sistemas de irrigación desviaron los ríos de la cordillera, dieron vida al desierto y lo convirtieron en tierras productivas y fuente de recursos para sus habitantes.

De esta manera, se consolidó una sociedad organizada bajo un sistema de clases, oficios y gobernantes que aprovechó la explotación de sus riquezas naturales. Los vestigios arqueológicos demuestran su virtuosismo como constructores, pescadores, guerreros, orfebres y alfareros.

El  conocimiento que existe sobre esta cultura es el resultado de la interpretación de miles de imágenes plasmadas en los trabajos de metal y arcilla, así como en las construcciones que realizaron para vivir, alimentarse y resguardar los restos de sus gobernantes.