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Alejandro Obregón Obregón apareció en el panorama del arte nacional gracias a su participación en el V Salón de Artistas Colombianos
en 1944. Su incursión en el arte fue recibida con beneplácito por la prensa local, en especial por el crítico austríaco Walter Engel, quien, según Marta Traba, lo vio antes que nadie y denominó su arte como expresionismo
romántico1, debido a la pasión por el país, por su naturaleza y su cultura.
La aproximación de este artista al arte moderno resulta única, en su momento, en la plástica colombiana. Su pintura no
pretendió desligarse del contexto, sino que tuvo en cuenta el ámbito social, político y cotidiano.
Obregón no expresó interés por los asuntos propios de una modernidad optimista, tales como el progreso, el culto a la
tecnología o la búsqueda de materiales industriales. Tampoco optó por el reverso de esta mirada: la desesperación cultural, que no cree en el proyecto que ha movilizado a Occidente durante siglos. Obregón se alimentó de las
propuestas que impulsaban el arte moderno y las localizó, es decir: el lugar fue una de sus principales preocupaciones; lugar como geografía, como cultura, como pertenencia. De ahí que nunca militó en una abstracción radical,
sino que en su obra se fusionó elementos abstractos y figurativos como una manera de rebelarse contra los purismos modernistas. En su trabajo, entonces, no se percibe repudio a la figura en sí misma, sino a una figuración que se
considera narrativa y literal; que representa en vez de expresar o simbolizar.
El espacio pictórico La necesidad de romper con la tradición, así como la renovación que su obra aportó a la cultura colombiana, no partió de una adhesión a grupos o de la elaboración de manifiestos.
Una
declaración que se publica en 1955, condensa su postura frente a lo que para él fueron los valores fundamentales, inscritos sin duda en el pensamiento artístico de su época: "yo no creo en las escuelas de pintura; creo en
buena pintura y nada más. La pintura es una expresión individual y hay tendencias como personalidades. He admirado los buenos pintores -los españoles sobre todo- pero considero que ninguno ha ejercido una influencia decisiva en mi
formación"2. En esta afirmación puede leerse su antiacademicismo a ultranza, su necesidad de originalidad que lo lleva a rechazar influencias, y la convicción de afirmarse en su estilo".
La obra de
Alejandro Obregón rompió con la concepción del espacio pictórico que predominaba en el panorama nacional con anterioridad a su aparición. En sus trabajos de la década de los cincuenta, el artista investigó nuevas formas de acceder
al espacio. Por eso, su interés en un aparente cubismo obedeció más a una búsqueda de nuevas posibilidades de construir el espacio, que a la adopción de los principios que rigieron ese movimiento.
Más adelante, en su
trabajo maduro, el pintor generó un espacio que rompió con la estructura de la perspectiva lineal e integró una concepción espacial que recordaba las imágenes precolombinas: arcaicas y hieráticas.
La fragmentación del
espacio pictórico le permitió también una reunión de ideas diversas a partir de las cuales se generó un nuevo significado.
Naturaleza, geografía, paisaje Una vez configurado un espacio pictórico singular, instauró una visión inédita del paisaje en el arte colombiano.
Colorista sin par, su pintura se tornó simbólica y se remitió al Caribe y los Andes, como lugares que fusionan diferentes tiempos y expresiones culturales. El paisaje, como una visión contemplativa de la naturaleza, que había
prevalecido en el arte colombiano, aún en la primera mitad del siglo XX, es replanteado en su producción y se construye una nueva relación de éste con la cultura.
Obregón trabajó la noción de naturaleza como potencia y
principio. De esta manera todo los objetos de inspiración tomaron una dimensión simbólica. Así su pintura puede hablar del Caribe o de los Andes, pero también pueden ser objeto de las más diversas lecturas. A manera de ilustración,
el cóndor - uno de sus símbolos más recurrentes- puede aludir a la fauna americana, a la vez que a una geografía que reúne diferentes tiempos y expresiones culturales.
Contexto político Para comprender la relación entre el arte y el contexto político en el trabajo de
Obregón, es necesario explorar las circunstancias artísticas del momento. De hecho, los nuevos pintores y escultores estaban más comprometidos con los temas culturales y ambientales que con los eventos políticos. Asimismo, la
adopción de nuevos conceptos estéticos y la cercanía a una noción de arte internacional les impidió continuar con el ideario y el lenguaje de los artistas americanistas, cuyas contribuciones más significativas al arte colombiano se
habían dado hasta la década de 1940.
En los inicios de su producción, los compañeros de generación de Obregón se centraron, en términos generales, en realizar una revolución de índole estética más que política. De ahí que
el trabajo de la mayoría de ellos no aluda al desangramiento a que se ve sometido el país en ese década, en virtud de la violencia liberal-conservadora.
No obstante, el caso de Obregón en este aspecto también resulta único.
Su obra, a la par que trabajaba en la revolución estética, señaló una realidad política. Los trabajos El estudiante muerto [1957] y Luto por un estudiante
[1957], aluden a los hechos ocurridos en el gobierno de Rojas Pinilla. La violencia
[1962], uno de los hitos de la historia del arte colombiano, evidencia uno de los periodos más sangrientos del siglo XX en el país, y el Homenaje a Camilo
[1968], denota también un momento en el cual se había pasado de la oposición liberal-conservadora a la polaridad izquierda-derecha, a finales de los años sesenta. Con excepción de algunos trabajos de Enrique Grau, y de grabados de Rengifo y Hanné Gallo, los compañeros de la generación de Obregón se dedicaron a renovar el campo de la plástica y sólo a finales de la década del cincuenta volvieron sus ojos al territorio americano, pero enfocados más al mundo precolombino que a los conflictos contemporáneos.
Sin embargo, el trabajo de Obregón dista de una posible militancia política o de la ilustración de una ideología. Antes que nada, su obra plantea una lectura desde un terreno plástico. Marta Traba, una de sus más fervientes
admiradoras y quien lo declaró como el iniciador de la pintura moderna en Colombia, se refirió a su obra La Violencia así: "es una idea que ha sido resulta como una pintura. De ahí que el término obra comprometida
no le corresponda en absoluto, porque precisamente así se llama a la pintura que se compromete con otra cosa distinta de sí misma"3.
Se podría concluir que en Obregón no riñen la aproximación sensible al entorno
con la capacidad significante de su obra; con esta integración y con su redefinición del espacio pictórico y del paisaje, se logra una de las producciones más lucidas dentro del arte colombiano.
Carmen María Jaramillo.
1. Marta Traba. Elogio de la Locura. Colección popular de la Universidad Nacional de Colombia. Bogotá, 1986, pág 45. 2. Un pintor
colombiano que triunfa en Europa. Cómo es y cómo pinta Alejandro Obregón. El Tiempo, abril 17 de 1955. Suplemento Literario. 3. Marta Traba. Violencia': una obra comprometida con Obregón, La Nueva Prensa,
No. 65, julio 23, agosto 3 de 1962. Ref. 136 A, pág. 72.
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