
Modernidades [1948 - 1965]
La sala Modernidades plantea un recorrido a través de diversas propuestas artísticas desarrolladas y divulgadas en Colombia entre 1948 y 1965. A través de las obras expuestas puede apreciarse un giro en el modo de comprender la práctica artística con relación a las transformaciones en los espacios culturales, rurales, urbanos, domésticos, mediáticos, religiosos y políticos. Con el fin de evaluar lo que aún nos aporta la producción plástica de aquella época, el recorrido —enmarcado por objetos y documentos— señala las particularidades de las propuestas individuales, articuladas en aspectos compartidos que permiten ver unas tendencias colectivas.
La ciudad
Para 1948, Bogotá era la ciudad más grande del país con cerca de quinientos mil habitantes. En 1965 su población se incrementó a casi dos millones. En medio de la agitación ciudadana causada por el asesinato del líder popular Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril de 1948, el centro de la capital quedó parcialmente destruido. Como consecuencia de este episodio, a nivel nacional se agudizó la situación de violencia en el territorio rural —iniciada en 1946—, lo cual generó el desplazamiento de campesinos hacia las grandes ciudades durante los años subsiguientes. A la vez que ocurrían estas migraciones, entre 1950 y 1957 se realizaron importantes obras de infraestructura: altos edificios, amplias avenidas, largos puentes, complejos turísticos, eficientes terminales marítimas y aéreas. En estas construcciones se implementaron novedosos recursos de ingeniería y arquitectura que transformaron el carácter del paisaje urbano. En ciudades como Bogotá y Barranquilla se concentraron intelectuales y artistas provenientes del resto del país, atraídos por el incipiente medio de cafés, galerías y librerías.
El campo
Durante el periodo considerado, el espacio rural fue privilegiado como referente para la aproximación al género del paisaje. Es preciso recordar que, en su mayoría, los artistas que habían llegado a las grandes ciudades para su formación provenían de poblaciones fuera de Bogotá. Podría pensarse entonces que la tendencia a las representaciones de entornos naturales evidencia una postura nostálgica, motivada por recuerdos de los lugares de origen, quizás por sentirse ajenos a la gran ciudad. En el territorio colombiano cohabitan diversos grupos humanos. Los artistas del período presentado elaboraron una parte de su producción a partir del insumo que constituía esta diversidad cultural: indagando en las características físicas observables en diferentes grupos humanos y sus respectivos territorios, alteraron el modo literal por medio del cual habían sido representadas culturas vernáculas en décadas anteriores. No pretendieron que los trabajos fueran un retrato de las costumbres de estos grupos. En cambio, buscaban elementos que pudieran ser traducidos en valores plásticos.
El espacio doméstico
Aunque la invención de la mayoría de los electrodomésticos corresponde a periodos anteriores, fue a mediados de siglo cuando se popularizó en los hogares colombianos la adquisición y uso de neveras, licuadoras, planchas eléctricas, ollas a presión, tostadoras, hornos eléctricos, aspiradoras, brilladoras y lavadoras, que encarnaban la idea de vida moderna. Además de aligerar la carga en el trabajo doméstico, algunos elementos produjeron un cambio en los hábitos de consumo. Gracias a la nevera se podían preservar los alimentos al interior de los hogares, haciendo que las visitas a los centros de abastecimiento fueran menos frecuentes; por su parte, la licuadora permitió que bebidas como los jugos de diferentes frutas hicieran parte de la vida cotidiana; la radio y la televisión se convirtieron en un núcleo de unidad familiar al tiempo que eran el escenario donde el espectador se volvía partícipe activo de los bienes culturales y las prácticas de la vida moderna.
La televisión
En 1954, el director de la Radiodifusora Nacional, Fernando Gómez Agudelo, fue encargado de la instalación del servicio de televisión en Colombia. El 13 de junio del mismo año, Gustavo Rojas Pinilla inauguró la televisión como parte de la celebración de su primer año de gobierno. Las primeras transmisiones duraban tres horas diarias y cubrían las regiones alrededor de Bogotá, Medellín y Manizales. La programación estaba enfocada a la emisión de programas educativos, con énfasis en ciencias, religión, música, teatro, poesía y artes plásticas. Su funcionamiento cumplía un interés estatal por forjar un concepto de progreso y vínculo con el pueblo. Entre los programas de índole cultural, estaban las series presentadas por Marta Traba, dedicadas al estudio de la historia del arte y la presentación de artistas locales. En pocos años, la televisión llegó a otras regiones y extendió su horario. Desde 1955, comenzaron a verse realizaciones de productoras comerciales.
La radio
La radiodifusión —inaugurada en Colombia en 1929— fue fundamental para la divulgación de la opinión política, la transmisión de eventos importantes en directo, la enseñanza, la popularización de las interpretaciones de orquestas musicales y la promoción de artículos de consumo. En 1948, se fundó en Boyacá Radio Sutatenza, un proyecto enfocado al servicio de la educación en zonas rurales. En pocos años, gracias al patrocinio de grupos eclesiásticos y donaciones internacionales, la emisora creció y, desplazándose a Bogotá, cubrió otras regiones alrededor de ciudades como Cali, Barranquilla y Medellín. Radio Sutatenza hizo parte del programa de Acción Cultural Popular, cuyo propósito fundamental era la alfabetización de los campesinos (apoyada con la publicación de cartillas), y la capacitación en temas relativos a la salud, la aritmética, el trabajo agrícola y ganadero, así como orientación espiritual. En 1950 se fundó la emisora HJCK en Bogotá, que se ha consolidado como un esfuerzo sistemático de difusión cultural.
La religión
Durante la época estudiada Colombia se definía constitucionalmente como un país católico. A pesar de existir una gran diversidad cultural en el país, la tradición católica se presentaba como un común denominador compartido por la mayoría de la población. Es así como desde el gobierno central, en la construcción de la imagen del país, las minorías religiosas eran prácticamente relegadas para definir la imagen de una unidad cultural desde la fe católica. Durante el periodo estudiado fue recurrente el interés de los artistas por las expresiones simbólicas y materiales provenientes de prácticas religiosas. Muchos artistas exploraron las formas de actualizar esas expresiones adhiriéndose a la tradición de la pintura religiosa que desde la colonia hasta ese entonces marcó buena parte de la producción artística del país.
Sección actualizada en 2012-04-02