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A partir de 1959 Botero pinta demonios -íncubos y súcubos-, monalisas y niños de Vallecas, que se caracterizan por la pincelada
evidente y un rico y variado color. "[En el] cuadro titulado Arzodiabolomaquia… lo estático se convierte en dinámico en pro de la mayor expresividad del cuadro. El cual está concebido dentro de la tonalidad delicada y lograda
con mano maestra propia del pintor, que contrasta con la concepción un tanto burda del conjunto y su dibujo poco cuidadoso".*
*Casimiro Eiger. "Miscelánea para el exterior", en Crónicas de arte colombiano 1946-1963
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